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La primera Navidad sin un ser querido

Las fiestas amplifican las ausencias. La silla vacía en Nochebuena duele más que cualquier martes de febrero, y saberlo de antemano ayuda a prepararse.

Hablarlo antes

El mayor error es que cada miembro de la familia sufra por su cuenta fingiendo normalidad. Unos días antes, una conversación sencilla: ¿celebramos igual, distinto o no celebramos? ¿Quién se atreve con su plato estrella? ¿Queremos nombrarle en la cena o preferimos no hacerlo? No hay respuesta correcta; hay respuesta vuestra.

Darle un lugar

Lo que no se nombra pesa más. Muchas familias encuentran alivio dándole a la persona un lugar explícito:

  • Un brindis por ella al empezar la cena.
  • Una vela encendida en su sitio de la mesa, o en su memorial, donde también pueden encenderla los que celebran lejos.
  • Cocinar su receta «como ella la hacía», aunque no salga igual. Nunca sale igual, y de eso se ríe uno, y llorar y reír a la vez es exactamente el duelo bien llevado.

Permiso para todo

  • Permiso para llorar en mitad del turrón, y para pasarlo bien sin culpa: disfrutar no es traicionar.
  • Permiso para irse pronto, o para no ir. El primer año, sobrevivir a las fechas ya es suficiente.
  • Permiso para cambiar de escenario: hay familias que ese año cenan en otra casa o se van fuera, y les salva.

Con niños

Los niños necesitan que la fiesta siga existiendo. Se puede sostener su ilusión y a la vez incluir el recuerdo: que cuelguen ellos «su» adorno del árbol o elijan la foto del abuelo para la mesa. Aprenden así la lección más importante: que se puede querer a alguien que ya no está y seguir celebrando la vida.

Crear su esquela lleva unos minutos y queda publicada para siempre. Crear una esquela

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