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Velas, laureles y palomas: los símbolos del recuerdo

Alrededor de la muerte, los humanos hemos tejido desde siempre un lenguaje de símbolos. Conocerlos da sentido a gestos que hacemos casi sin pensar.

La vela

Encender una llama por los difuntos es de los rituales más universales: la luz que sigue ardiendo cuando la persona ya no está, la pequeña compañía contra la oscuridad. De la lamparilla de aceite romana a la vela del tanatorio —y hoy, a la vela virtual del memorial—, el gesto es el mismo: «tu luz sigue encendida en mí».

El laurel

Corona de vencedores en Grecia y Roma, el laurel en un funeral dice algo hermoso: esta vida fue una victoria. Por eso las coronas fúnebres son coronas, círculos sin principio ni fin, símbolo también de lo que no termina.

La paloma

Presente en tradiciones muy distintas como mensajera entre cielo y tierra, representa el alma que parte en paz. Soltar palomas en despedidas conserva ese sentido antiguo.

Las flores

Belleza que dura poco: exactamente por eso acompañan a la muerte desde el paleolítico —hay tumbas de hace decenas de miles de años con polen de flores—. Nos recuerdan que lo efímero también es precioso.

El ciprés

El árbol de los cementerios mediterráneos: siempre verde (la vida que continúa) y señalando al cielo como una flecha. Se plantaba además porque sus raíces crecen hacia abajo, sin molestar a los que descansan.

Símbolos nuevos para gestos antiguos

El memorial online ha heredado este lenguaje: la vela que se enciende con un clic, las flores virtuales, el laurel del logotipo de In Memoriam. Cambian los soportes; la necesidad humana de simbolizar el recuerdo permanece intacta.

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