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Breve historia de las esquelas: del pergamino a internet

Anunciar públicamente una muerte es una necesidad tan antigua como las ciudades. Lo que ha cambiado es el tablón.

Campanas y avisos parroquiales

Durante siglos, la noticia corrió de boca en boca y a golpe de campana: el toque de difuntos avisaba al pueblo entero. En las iglesias se leían los nombres de los fallecidos de la semana, y esa lectura era, en la práctica, la esquela de la comunidad.

La esquela impresa

Con la imprenta llegaron los recordatorios y papeletas de defunción que las familias repartían, y con los periódicos del siglo XIX, la esquela moderna: ese recuadro con cruz, nombre y fechas que durante más de cien años fue el modo oficial de enterarse de quién había muerto. En muchas casas, lo primero que se leía del periódico eran las esquelas.

El siglo XX: el auge y el precio

La esquela de prensa se volvió también símbolo social: cuanto más grande el recuadro, más importante la familia. Publicarla costaba —y cuesta— caro, y duraba exactamente un día.

La era digital

Internet cambió las dos limitaciones de siempre: el espacio y el tiempo. Un memorial online no tiene que resumir una vida en cuatro líneas ni desaparece con el periódico de ayer. Añade además algo nuevo: la participación. Las condolencias, que antes eran privadas, ahora se reúnen en un mismo lugar, y quien está lejos puede despedirse igual que quien vive al lado.

Lo que no cambia

La necesidad de fondo es la misma desde las campanas: decir al mundo que alguien importó, y darle a la comunidad un lugar donde acompañarse. Solo que ahora ese lugar no se borra.

Crear su esquela lleva unos minutos y queda publicada para siempre. Crear una esquela

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