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Cómo elegir las fotos para un memorial

Las fotos son la parte del memorial que más se visita. Elegirlas bien convierte una galería en una biografía.

La foto principal

Es la que encabeza la página y la que aparecerá al compartir el enlace. Busca una donde se reconozca a la persona tal como la recordáis: con su gesto de siempre, mejor sonriendo, mejor de cerca. No tiene que ser la más reciente; tiene que ser la más suya.

Contar una vida, no un año

Una buena galería recorre épocas: la foto de juventud que casi nadie ha visto, la boda, los hijos pequeños, el trabajo, las fiestas del pueblo, la última Navidad. Cinco décadas en quince fotos dicen más que cuarenta fotos del mismo verano.

Criterios que ayudan

  • Variedad de compañías: solo, con su pareja, con amigos, con nietos.
  • Sus cosas: su huerto, su taller, su cocina, su perro. Los escenarios también son retrato.
  • Calidad suficiente, no perfecta. Una foto borrosa pero única (esa risa, ese abrazo) vale más que una nítida y sosa.
  • Pies de foto. Un año y un lugar convierten una imagen en una historia: «Feria de 1987, con su hermana Ana».

Errores comunes

  • Subir cientos de fotos sin filtrar: la cantidad diluye.
  • Olvidar preguntar al resto de la familia: cada uno guarda tesoros que los demás no conocen.
  • Descartar las fotos en papel: una foto de un álbum antiguo, fotografiada con el móvil sobre una mesa bien iluminada, queda perfectamente digna.

Una galería viva

El memorial no se cierra el día del funeral. Los visitantes pueden aportar fotos que la familia ni sabía que existían —compañeros de trabajo, amigos de juventud— y esa es a menudo la parte más emocionante: descubrir que su vida fue aún más grande de lo que sabíais.

Crear su esquela lleva unos minutos y queda publicada para siempre. Crear una esquela

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